Monaguillo

21dic07

Alordesia: Confesión de parricidio en el marco de fiestas instituidas por ciertas sectas.

-¿Y cómo?

-Con un coctel lítico; la de huevadas que uno puede aprender en la wikipedia. Fue más rápido de lo que creía; por ratos me esperaba a que reaccione así medio feo y se ponga a hacer un escándalo, pero no, parece que hasta lo disfrutó, no sé, una especie de último orgasmo.

-Cínico. No es que te contentas solamente con matarlo a tu padre, si no que encima te burlas del pobre.

-No es burla, ¿o es que a usted no le gustaría dejar todo este mierdero en medio de un orgasmo?

-Hereje; monaguillo de Satán. ¿Cómo esperas que te absuelva de tremendo despropósito?

Saca la cajetilla del bolsillo de la camisa. Las velas del santo más cercano al confesionario -parece San José, pero no está del todo seguro- están todas apagadas; masas de cera informe recubren la mesita. Prende un cigarrillo con el segundo fósforo; el primero no se mantuvo prendido lo suficiente.

-Solo creí apropiado que sea usted sea el primero en saberlo; fue su mejor amigo después de todo, y también lo noté preocupado con lo que estaba sufriendo mi viejito.

-Que el Señor lo cobije en su seno.

-Amén.


Muñecas

28nov07

Alordesia: Dinámica de socialización infantil que utiliza muñecas rumanas de ojos amarillos.

-Y dígame otra cosita, ¿alguna vez ha jugado con muñecas?

-Bueno… la verdad es que sí, doctorita. Pero ¿eso qué tiene que ver?

-¿Hace cuánto fue eso?

-Era un niño, claro. A mi hermano y a mí nos gustaba la hija de unos compadres de mis viejos, y ya pues, uno hace cualquier cosa por una niñita. ¿Por qué pone esa cara?

-¿Qué cara? ¿Y qué pasó con la niñita?

-Nada, que siempre que llegaba de visita andaba a cargar sus muñecas, y mientras mi hermano la quería impresionar con su bicicleta, ya pues, yo me ponía a jugar con ella. Pero ¿eso qué tiene que ver?

La doctora deja el esfero sobre el escritorio, se saca los lentes y los limpia con el faldón de su impoluta bata. Deja los ahora limpios lentes sobre el escritorio y cruza las piernas.

-Al final, ¿con quién se quedó la niña? ¿Con usted o con su hermano? ¿La bicicleta o las muñecas?

-Con ninguno pues doctorita, si éramos unos enanos. Aunque una vez mientras jugábamos y mi hermano no estaba entró al baño y no cerró la puerta.

La doctora descruza las piernas, se levanta y se dirige hacia el baño.

-No me demoro.

-Pero ¿esto qué tiene que ver, doctorita?


Ornitológico

15oct07

Alordesia: Susurro característico del rotar de las hélices de un parque eólico que actúa como canto de sirenas para algunos oscuros pájaros migratorios.

 Para Botellita y su pasión ecológica.

-Pero si no ponemos por lo menos una mantita después nos va a picar horrible.

-Siempre tienes que romper la magia del momento, ¿no?

-Si me quisieras no me presionaras tanto.

-Porque te quiero es que te quiero “presionar”.

-Imbécil.

-Mira las aves del cielo: no trabajan ni buscan comida… no, aguanta, así no era.

Las negras aves del cielo sobrevuelan los molinos; chillan una respuesta a una pregunta no formulada, como si fuera una conversación en un universo paralelo que ni tan paralelo si no más bien real, sobrepuesto, colindante, este mismo universo donde ahora en el pastito una pareja…

-Mira las aves del cielo: el Señor las mantiene sin trabajar… ta’ madre, ¿cómo es que era?

-Ya preciosa, no te preocupes, entendí la idea. Pero nosotros no somos pajaritos, y el Señor nos está viendo.

-Bueno querido, no vuelvo a meter al Señor cuando quiera tirar contigo. Ahora déjame ver dónde consigo una puta mantita.


Perras

09oct07

Alordesia: Sensación imperativa que sienten ciertos cuadrúpedos citadinos de cruzar rápidamente una calle en busca de una posible golosina.

-Mi perrita todavía es virgen, ¿y la tuya?

-La atropellaron ayer; creí que ya te habías enterado.

-¿Que ya me habían enterrado? ¿De qué mierda hablas?

-Si te quitaras los audífonos- casi en un susurro-, si solamente te quitaras…

-Porque, ¿sabes?, ella no puede estar con cualquiera, no. Viajó más de siete mil kilómetros… pero eso ya te lo he contado alguna vez.

La perrita dormita en brazos de su ama. Si soñara estaría ahora trepada en el lomo de un caballo blanco a pleno galope, agarrada con sus pequeños dientes a la crín de la veloz bestia; si soñara estaría ahora completamente mojada por la lluvia; si soñara estaría ahora divisando a lo lejos a su querida ama, muerta, bocabajo. Pero no está soñando; no ahora.

-Cuídala, y de paso enséñale a mirar a ambos lados antes de cruzar la calle.

-Mírala, ya está despertando. ¿No es la cosa más preciosa que has visto en tu vida?

-No, creo que no.


Vestidos

25sep07

Alordesia: Incomodidad que sienten los adolescentes cuando alguna de sus tías les pide su opinión sobre qué vestido elegir para ponerse.

-Lo importante no importa.

-¿Qué dijiste?

-No, aguanta, no era eso, pero igual me entendiste.

-Sí, entendí, pero es que me encantó la frasecita: “Lo importante no importa”. Parecería que se la robaste a Jodorowsky.

-Claro gil, cámbiame el tema.

-No es eso, es que… no sé qué es, pero a lo mejor estamos frente a algo grande aquí, algo importante.

-Entonces no importa, ¿no? Ahora deja de hacerte el loco y dime qué vestido me pongo.

El rojo tiene aún en la espalda el huequito que le hizo, sin querer, la colilla del papá de la novia de su primo. El blanco está un poco arrugado y la cremallera del costado empieza a oxidarse.

-El rojo, si no es mucha molestia.

-Ninguna molestia mi amor. Pero por favor: no pares.


Matiné

04sep07

Alordesia: Afición de ciertas mujeres mayores de 30 años a mostrar, disimuladamente, sus senos a niños pequeños.

Empieza a oscurecer, así, despacito, sin apuro, como si el sol tuviese un dimmer. Y el frío, claro, como si no supieras en qué mes estamos ya y sales así vestida tan a la ligera.

-No me veas; no quiero que me veas así.

-¿Así cómo?

-Así pues, así como estoy ahora. ¿No quieres mejor cerrar los ojos hasta mañana? Mañana sí quiero que me veas.

-¿Que te vea cómo?

-Es una sorpresa.

Las sorpresas siempre me traen a la mente la finalización de las matinés infantiles. “Venga mijito para darle su sorpresa, no sea cosa después no alcancen”. Ojalá vengan tres chocolates.

-Me acordé de tu mamá esa vez que cumpliste siete años; cuando se agachó a darme mi sorpresa le vi las tetas. Esa fue una verdadera sorpresa.

-¡Imbécil! Abriste los ojos.


Riendas

09ago07

Alordesia: Dolor leve en la espalda después de jugar a los caballitos.

-Bájale el volumen, por favor.

Los parlantes se callaron en medio solo de guitarra; el guitarrista nunca lo sabrá, aunque lejanamente lo presiente. El disco se va deteniendo despacio, despac, desp, de, deja de dar vueltas.

-Tampoco te dije que apagues el…

-Cállate, imbécil; nunca dices nada, ¿verdad?, nunca sugieres nada, ¿es eso?

-No, no es eso. Es casi eso, pero no precisamente. Un pajazo, tú sabes.

-Creía saberlo, pero ahora… ya ves. Y ni siquiera es que me guste mucho esa canción, pero tú tienes las riendas, ¿verdad?

Por un momento se lo imagina como un caballo, en cuatro, bajo sus piernas, mascando pasto sin hacer siquiera una mueca. Se imagina a sí misma allí encima, acariciando su cabello y su cuello desnudo con su mano derecha, sosteniendo las riendas con la izquierda. Cabalgarían por la noche, cuando el cielo esté despejado.

-¿Y si en verdad fueras mi caballo?

-Te metería mi gran verga; es justo y necesario.

-¿Otra vez?

Vuelve a aplastar el play.




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